Aquella pasión era más exquisita que el perfume más embriagador...
Acà va el capitulo....
Me encanta que le encante la nove jaja lo hize a proposito estoy un poquitito loca por la despedida,supongo que al fin voy a llorar...
EL PROXIMO CAPITULO ES DE DOS PARTES Y ES.....MMM....BUENO YA SABEN COMO ES jajaja
Con una amarga sensación de satisfacción vio que Belen se desprendía del lado de su madrina y se apresuraba a reunirse con el médico. Lali se encaminó hacia el tocador destinado a las da mas, sin dirigir una segunda mirada a Peter o a Belen.
Las esposas de varios miembros del comité ya estaban allí y la secretaria intercambió saludos y sonrisas con ellas, antes de quitar- se la capa. Había llevado la máscara en la mano y se detuvo frente a uno de los espejos para ponérsela.
A su espalda, oyó que alguien decía:
— Querida, ¡qué vestido tan maravilloso! Me das envidia. Aun que, con mi figura, ya no podría ponerme algo así —se volvió y vio a la madre de una de sus amigas —. ¿En dónde lo conseguiste?
Sonriente, la joven explicó
--Ah, con razón! De verdad es fabuloso.
— Más vale que vaya a ver si ya llegaron los músicos — se excusó Lali y salió del baño. .
En el salón sólo estaban encendidas las luces de las paredes, y el suave resplandor rosado que desprendían daba un efecto seductor a la habitación. Los músicos ya estaban en el estrado; uno de ellos alzó la cabeza y silbó de manera apreciativa cuando vio acercarse a ellos a Lali; la joven hizo. una reverencia, en actitud de broma, pero de inmediato se puso tensa cuando sintió que unos ojos le perforaban la nuca.
Supo, antes de volverse, quién la miraba. Peter estaba junto a Belen, la cual charlaba animadamente con su madrina, demasiado enfrascada en la conversación para percatarse de que su acompañante observaba con especial atención la figura blanca y plateada de Lali. Después de un rato, el médico alzó los ojos al rostro de la joven y ella sintió que el salón giraba en torno a ella ante el desprecio que leyó en sus grises profundidades. Con tremenda angustia, la joven apartó la mirada y se concentró en su intercambio con los músicos.
—Ah, Lali. Todo parece bajo control. Las damas del WI han aportado un buffet excelente. ¿Ya lo viste?
Por suerte, el alcalde le proporcionó la distracción que tanto necesitaba.
—Se supone que no debía reconocerme con esta máscara —le reprochó la joven, juguetona.
---¡Oh, yo reconocería ese pelo donde fuera!
Todas las mujeres debían conservar puestas las máscaras hasta las doce, cuando sus compañeros podrían pedirles que se las quitaran al grito de: " conozco mascarita!", y pagarían una multa en caso de equivocarse. Esta había sido sugerencia de Lady Anthony y a Lali le pareció una buena idea, en vista del ambiente romántico de la velada.
Una hora después, todos los invitados habían llegado y la pista de baile estaba atestada. Lali observaba, desde fuera de la pista, a las parejas que bailaban, tratando de no ver lo bien que se acoplaban Peter y Belen, ni lo cercanos que estaban sus cuerpos.
No sabía cuánto más podría soportar el menosprecio de Peter. Nunca lo había considerado ególatra, pero sólo podía explicar su hostilidad mediante el hecho de que ella hubiese preferido a Benja como amante, según imaginaba el médico, rechazándolo a él.
Estaba sumida en sus sombrías reflexiones cuando se le acercó el alcalde para invitarla a bailar. Ella se levantó de su asiento para encaminarse a la pista y, al avanzar su crinolina se balanceó graciosamente. Se dio cuenta de que el vestido había causado sensación, pero eso no le provocaba placer. La mirada desdeñosa que le dirigiera Peter, le había robado la alegría y la noche se convirtió en algo que debía soportar.
El alcalde bailaba asombrosamente bien y su cortesía de caballero del siglo pasado fue un bálsamo para el alma de la joven después del mordaz sarcasmo de Peter, pero, de cualquier manera, se dio cuenta de que no contaba con toda la atención del hombre mayor. Lo había visto mirar, más de una vez, en dirección de Lady Anthony y, en un impulso que no quiso analizar, Lali le dijo con voz suave: -
—Lady Anthony parece muy sola; ¿por qué no la invita a bailar?
— Lo haría, pero estoy seguro de que me rechazará —el alcalde lanzó una risa seca, sin humor—. Y no sería la primera vez —una sombra cruzó por su rostro—. Hubo una época cuando creí que. . . Pero fui un tonto. Su padre quería conservar el título fa- miliar y la casó con Ronnie. El y yo estábamos en el mismo regimiento, ¿sabes?
" señor Bornes la amaba!", dedujo Lali, conmovida. Sólo por un momento, había vislumbrado al hombre detrás de la más cara severa del alcalde impoluto y, cuando él volvió a mirar a través del salón hacia donde estaba Lady Anthony, supo con certeza que todavía la quería.
La música cesó cuando estaban cerca de la mesa de Lady Anthony.
—Bailas muy bien, querida, y con ese vestido, eres de verdad la reina de la fiesta —los hermosos ojos azules de la dama se nublaron con una sombra de nostalgia.
En otro impulso incontrolable, Lali dijo:
— El alcalde me estaba diciendo que le encantaría bailar con usted, pero que temía que lo rechazara — no se atrevió a mirar a su acompañante, sin embargo, percibió su tensión y se preguntó si no habría cometido un tremendo error.
Para su alivio, vio que Lady Anthony, un poco confusa y sonrojada, no daba señales de indignación o disgusto.
—Oh, pues. . . Yo. . . Hace mucho que no bailo. Mi artritis, sabes.
—Tonterías —dijo entonces el hombre mayor, con tono gruñón— Recuerdo que eras la mejor bailarina del condado, parecías una sílfide.
Casi sin creer lo que veía, Lali observó que el alcalde ofrecía una mano con gentileza a la dama, para ayudarla a ponerse de pie, en el momento en que los músicos comenzaban a tocar un vals.
Lady Anthony sonreía al señor Barnes con la expresión de una joven tímida a la que invitaban a bailar por primera vez.
Tal como había previsto la secretaria, Peter no se unió al resto del comité, en la mesa reservada para sus miembros, cuando llegó la hora de la cena. Pudo verlo sentado al otro lado del salón, con Belen y tuvo que reprimir los celos candentes que le quema ron las entrañas.
No comió mucho y se disculpó tan pronto como le fue posible para levantarse e ir al tocador de damas, donde revisó su apariencia. Estaba pálida y las manos le temblaban al aplicarse un poco de rubor y retocar su lápiz labial.
Se acomodó algunos rizos que escapaban de su peinado y se estudió por un momento antes de volver a colocarse la máscara, la cual transformó su Rostro, dándole una apariencia extraña, mágica, difícil de definir. Detrás de la careta sus ojos brillaban con una luz extraña y la iluminación del cuarto enfatizaba la plena redondez de sus senos. Todavía se sentía un poco abochornada por el atrevido escote, pero no había algo que pudiera hacer al respecto y, además, su atuendo era menos revelador que la esplendorosa creación que vestía Belen.
Cuando salió del tocador, las parejas ya habían vuelto a la pista y el maestro de ceremonias decía con entusiasmo:
— Vamos, damas y caballeros, se acerca la medianoche; sólo faltan cinco minutos. Señores, recuerden que si su pareja se niega a despojarse de la máscara, ustedes pueden cobrarle una multa, que consistirá en...
Tenía que salir de allí, se dijo Lali, tratando de controlar el dolor que le atenazaba el corazón. No podía soportar el espectáculo de Peter pasando frente a ella con Belen de su brazo.
Se volvió para dejar el salón y se puso tensa cuando una mano firme la detuvo.
—Creo que es el momento de que bailemos —dijo una voz familiar y se volvió, azorada, para encontrarse con la sombría mirada de Peter.
El aprovechó la turbación de la joven para llevarla al centro de la pista, hundiendo los dedos en la piel de su brazo para impedirle que se apartara.
—¿De qué hablas? —protestó la chica cuando el médico se de tuvo y la hizo volverse, para mirarla a la cara y ceñirle la cintura con una mano—. No te había concedido ningún baile.
—¿No? Pensé que estaría implícito en el hecho de haberte traído. Mira a tu alrededor. Dudo que haya muchas mujeres que no estén bailando con el hombre que las trajo aquí.
—Podrías bailar con Belen.
Sus esfuerzos por desasirse pusieron a sus pechos en contacto más íntimo con el torso masculino.
A su alrededor, las parejas bailaban estrechamente enlazadas. Peter inclinó la cabeza y Lali sintió el roce de su barbilla contra la piel de su frente. Cuando aspiró el conocido aroma de la colonia masculina, todas sus resistencias se derrumbaron y sintió que su cuerpo se entregaba, lánguido, al cálido abrazo del médico. De inmediato, Peter la estrechó con más fuerza contra sí.
— Siempre nos hemos acoplado bien, Lali — le susurró al oído—. ¿Recuerdas cuando te enseñé a bailar?
— Lo he hecho con muchos hombres desde entonces.
Respingó cuando él le hundió los dedos en la cintura, con fuerza, y se preguntó por qué lo retaba de esa manera. ¿Por qué no se resignaba a aceptar lo que el destino le tenía deparado y nada más?
La crinolina atenuaba la sensación del cuerpo de Peter moviéndose contra el de ella, pero de todos modos lo percibía y notaba también que, debajo del apretado corpiño, sus senos estaban hinchados y tensos. Se le formó un nudo en la garganta y, cuando al terminar la música, Peter quiso quitarle la máscara, ella alzó una mano para impedírselo.
Demasiado tarde comprendió su error, cuando escuchó que él comentaba con sarcasmo:
—¿No? La gente nos mira, Lali; tendré que cobrarte la multa.
FIRMEN MUCHO Y OTRO
Muy bien Juli 24 comentarios jajaja a mi tambien parece que la gente quiere mas jaja Y acà està...
LOS PROXIMOS CAPITULOS SON....MMM....NO TENGO PALABRAS jaja
FIRMEN Y OTRO
Déjame verte cuando estés lista.
Si alguna vez lograba estarlo, se dijo Lali con ironía. Parecía que el teléfono no había cesado de sonar con llama das de gente que hacía una pregunta u otra. La joven ni siquiera estaba segura de si podría reunir la energía suficiente para asistir al baile No, no era eso lo que la hacía tan reacia a prepararse para la fiesta, tuvo que admitir. Era saber que tendría que ver a Peter con Belen. . . bailando juntos. . . abrazados.
"¡Basta . . basta!", se urgió, apretando los puños. Se atormentaba deliberadamente.
No nevó de nuevo y Lali había logrado llegar a Setondale para que le arreglaran el cabello. La peinadora, una muchacha jo ven, le había asegurado que estaría preciosa con la exuberante cascada de rizos que le enmarcaba el rostro con delicadeza. Sin embargo, ella no estaba muy segura de eso.
No se atrevió a darse un duchazo para no arruinar su peinado, pero por suerte, tuvo la precaución de tomar uno antes de salir y, mientras se despojaba de su vestido, captó las leves trazas del aroma de su loción corporal. Mientras se aplicaba un poco más, se preguntó para qué se molestaba en hacerlo; después de todo, las mujeres sólo se perfumaban el cuerpo para sus amantes. Detuvo la mano y hundió las uñas en su muslo, tratando de no imaginarse como la amante de Peter.
El último verano en que fueron a nadar juntos, ella quedó a la vez turbada y fascinada por la estructura viril del cuerpo de Peter. Podía recordar el fino vello negro que le cubría el pecho y descendía hasta perderse debajo del traje de baño. Eso había sido poco antes que ella se diera cuenta de la verdadera naturaleza de sus sentimientos por él, y todavía recordaba la mezcla de turbación y excitación que experimentara cuando él se despojó de su ropa.
—¿Qué sucede? —le había preguntado Peter con tono de broma, mientras le acariciaba la cabeza.
El aroma de la hierba de verano y el del cuerpo masculino, se habían grabado para siempre en la memoria sensorial de la joven.
— Peter.
No se dio cuenta de que murmuraba su nombre. Los ojos se le humedecieron y reprimió las lágrimas, despreciándose por ser tan débil.
Se puso ropa interior limpia: diminutas bragas de satén y liguero del mismo color; no podía ponerse sostén bajo el vestido. No quiso mirarse al espejo mientras se enfundaba las medias de seda y luego se puso una bata antes de iniciar el maquillaje.
Ya no existía la muchacha torpe y desmañada que se fue a Londres; se había convertido en la mujer sofisticada y madura que la miraba desde el espejo, mientras se aplicaba con destreza la sombra en los párpados.
Abajo, el reloj de pared anunció la hora. Pronto llegaría Peter y Lali se estremeció ligeramente mientras estudiaba su reflejo en el cristal. Estaba lista. Todo lo que tenía que hacer ahora, era cubrirse con el vestido.
Se lo puso, batallando un poco con la crinolina.
El traje fue diseñado para una obra en la que cada detalle histórico debía ser exacto, pero de cualquier manera, fue un poco inquietante para ella darse cuenta de la forma en que el escote, bordeado de encaje, revelaba una generosa porción de sus senos. ¡Y no cabía duda que sus pechos nunca habían parecido tan plenos y provocativos como en esa ocasión! La tela los moldeaba y sostenía en toda su turgencia; la joven frunció el ceño y se mordió el labio inferior, dudosa.
De manera absurda, cuando se puso la máscara, se sintió un poco mejor respecto al escote, como si de alguna forma ocultarse detrás de la careta le diera cierta protección a su pudor.
Contuvo el aliento cuando fue a modelar para su madre, pero no debió haberse preocupado. Sarah, dando muestras de una liberalidad muy saludable, le dijo que no debía inquietarse por lo atrevido del escote.
—En efecto, es provocativo, pero de una manera muy encanta dora.
De cualquier modo, cuando Lali oyó que el auto de Peter se detenía frente a la casa, cuidó de cubrirse muy bien con la capa de terciopelo que era el toque final de su atuendo.
— Me voy — anunció a su madre —. No quiero hacer esperar a Peter.
—Sí. El me dijo que los miembros del comité se sentarán a la misma mesa esta noche.
Así era, pero Lali no estaba segura de si Peter tenía la intención de acompañarlos. Sospechaba que Belen tendría sus propios planes para la noche, los cuales no incluirían compartir a Peter con los demás.
Desde lo alto de la escalera, la joven miró anhelante hacia el lugar donde el médico charlaba con su padre, sabiendo que no podría verla estudiarlo con ávido deseo. El llevaba puesto un traje de noche y un puño enorme pareció estrechar el corazón de la chica mientras lo contemplaba, bronceado y viril, y tan desenfadado en su costoso atuendo. Lo portaba con una familiaridad que indicaba su costumbre de vestir con impecable elegancia.
Quizá eso era lo que debía recordarse de forma constante: la enorme brecha de experiencia que los separaba, pensó Lali con tristeza. Sin duda, Peter no había vivido una vida monacal mientras estuvo en los Estados Unidos. El no se habría mantenido ajeno a las experiencias sexuales por tener su mente ocupada con la imagen de ella.
Lo vio consultar su reloj de pulsera y, entonces, comenzó a descender por la escalera.
—Ah, allí estás mi amor —dijo su padre con una amplia sonrisa—. A ver, déjanos mirarte. . . Da una vuelta.
—Oh, papá. . . lo siento. Creo que ya debemos irnos; no es correcto que lleguemos tarde.
Pudo sentir la tensión de Peter mientras la escoltaba al auto, pero fue hasta que avanzaban por el sendero cuando él habló:
—¿Qué pasa? —preguntó con aspereza—. ¿Temías que tu padre pudiera reconocer que era un vestido comprado por tu amante? ¿Es por eso que-no quisiste mostrárselo?
Por un momento, ella quedó demasiado perpleja y consternada para hablar ¿Eso era lo que pensaba? Recordó cómo había mirado la caja, cuando estaban en el tren, y abrió la boca para contradecirlo, pero las palabras murieron en sus labios. ¿Qué sentido tenía decirle nada? Que pensara lo que quisiera. Sin duda, sería más fácil soportar su desprecio y hostilidad que tener que luchar contra su deseo físico; en especial cuado era tan consciente de su propia debilidad y vulnerabilidad ante él.
Aunque no tenía mucho que temer del médico en ese respecto ahora y, al encontrarse con la fría reprobación de sus ojos, se preguntó cómo era posible que alguna vez hubieran brillado con el fuego del deseo por ella. Al mirarlo en ese momento, no creía que la hubiese deseado un día.
No fueron los primeros en llegar; otros autos estaban estaciona dos frente a la casona. Anticipándose a la intención de Peter de abrirle la puerta del coche, Lali se apresuró a apearse y se sintió ridículamente torpe cuando él salió del coche y la miró con una sonrisa helada, sin humor.
— Eres muy lista — dijo él entre dientes—. Si te pongo las manos encima esta noche, podría estar tentado a ceder a la violencia. Tienes ese efecto en mí, ¿sabías?
---Entonces sugiero que busques a Belen — replicó ella con acritud —. Me parece que es el tipo de mujer que puede lidiar con un hombre violento. No lo sé; ¡quizá hasta lo disfrute!
—¡Zorra! —lo oyó mascullar, antes de tomarla con firmeza del brazo—. No te queda bien,.Lali. ¿Es eso lo que él ha hecho con tigo. . . convertirte de una muchacha dulce e inocente en una?.
—¿. . .mujer? —completó la joven, apartando el brazo con brusquedad. Abrió la puerta y se apresuró a entrar. Peter la si guió de cerca.
FIRMEN MUCHO Y HAY OTRO
Chicaaaaaas bauti abrazò a carlos! #AmistadFamiliaLanzaniEsposito bueno acà està el capitulo
NO SE PIERDAN LOS PROXIMOS CAPITULOS,solo eso les digo jaja
FIRMEN Y MAS
Llevaba puesto un vestido de seda que enfatizaba la esbeltez de sus piernas y las curvas plenas de sus senos. Comparando su vestimenta con la elegante apariencia de la otra mujer, Lali suprimió un leve suspiro de resignación. Con razón Belen se apresuraba a reunirse con esa chica. Se preguntó si el médico se había percatado ya de que Belen esperaba algo más que un amorío fugaz. O quizá con ella sí estaba dispuesto a ofrecer más.
— Lamento haberme retrasado.
Apartando la atención de la pareja Lali se volvió hacia la florista, quien se acercaba a ella con una hermosa sonrisa.
La puerta frontal había sido cerrada con firmeza después de la entrada de Belen y Peter, y Lali se preguntó si la aristocrática joven no sabía que ella iba a entrar también o trataba, deliberadamente, de ser grosera.
Lady Anthony en persona las acompañó hasta el salón de baile para asombro de Lali La dama se movía con dificultad debido a la artritis pero la secretaria pudo notar en ella trazas de la belleza que debió poseer en su juventud.
Louise Fisher la florista sonrió con aprobación al ver el salón
Ella y Lali ya habían hablado sobre la decoración que necesitarían para el gran acontecimiento y la joven Esposito le había mostrado los globos enviados por Mery.
— ¡Qué salón tan hermoso! Es, de verdad, un reto decorar un sitio como éste.
La florista empezó a describir cómo pensaba arreglar la habitación, mientras Lali y Lady Anthony escuchaban.
— El último baile que se celebró aquí fue para celebrar los veintiún años de mi esposo —informó Lady Anthony. Por un momento, una sombra de tristeza pasó por su rostro—. Murió al empezar la guerra.
— Sí, me lo dijo el alcalde — repuso Lali.
Casi de inmediato, Lady Anthony pareció replegarse en su interior y su expresión se endureció.
— Mi padre le ordenó que nunca volviera a poner un pie en esta casa — murmuró la dama con tono cortante.
Lali y Louise intercambiaron miradas de asombro.
—Entonces, ¿él y su padre habían reñido, Lady Anthony? — inquirió la secretaria con suavidad, temerosa de ser indiscreta.
—De cierta forma. . . pero, no han venido aquí para que hablemos del pasado.
Comprendiendo que la dama no quería abundar en el tema, Lali se apartó un poco mientras Louise estudiaba el salón. Estaban hablando sobre las macetas con plantas de ornato y las flores que la señorita Fisher pensaba colocar frente al estrado de la orquesta, cuando Belen entró, aferrando posesivamente el brazo de Peter.
— Ah, aquí estás, querida. Estábamos hablando sobre la decoración floral.
Belen las miró con aire aburrido y comentó:
— Mami siempre contrata a Moyses Stcvens. Dice que nadie puede competir con él.
Lali, quien había oído hablar a Benja del más importante florista de Londres, pues solía contratarlo para adornar sus fiestas, se incomodé un poco por la falta de tacto de Belen, pero Louise no pareció ofendida en all6oluto.
—Sí, son excelentes floristas, ¿verdad?. —dijo la mujer—. Yo tuve la suerte de asistir a uno de sus cursos hace dos años y aprendí mucho con él.
Lali casi aplaudió la habilidad con la que Louise había puesto a Belen en su lugar, especialmente cuando no se regocijó con su victoria, sino que procedió a explicar lo que tenía pensado para la decoración del salón.
Era casi de noche cuando la florista terminó su tarea. Lali consultó su reloj de pulsera y preguntó a Lady Anthony si podía usar el teléfono para llamar un taxi.
-— No hay necesidad de eso — intervino Peter —. Te llevaré.
—Oh, pero querido, nos hubiera gustado que te quedaras a cenar. Es tu primera noche libre esta semana y.
— Lo siento, Belen, pero prometí que cenaría con el alcalde. A veces se siente muy solo, ¿sabes?
El médico pareció dirigirse a Lady Anthony al decir esto y una increíble duda cruzó entonces por la mente de Lali. ¿Sería posible que Lady Anthony y el alcalde hubieran estado ligados, sentimentalmente, en alguna época?
Parecía imposible, sin embargo. . . Lali apartó estos pensamientos de su cabeza y trató de rehusar el ofrecimiento de Peter, pero él se mostró inflexible.
El frío viento del este soplaba cuando salieron. La secretaria se protegió bien con el rompevientos. No había usado su abrigo de, pieles desde aquella última y fatal ocasión, pero ahora deseaba habérselo puesto.
De nada servía saber que Mery lo había escogido para ella; los acres comentarios de Peter todavía la herían.
— Entra.
El médico le abrió la puerta del auto y la invitaba a subir. El interior del coche olía a piel y a un indefinible aroma masculino, que Lali reconoció como parte integral de Peter.
Resultaba vergonzoso cómo su cuerpo respondía de inmediato a cualquier estímulo relacionado con él, se dijo Lali, consternada. Era difícil no ceder a la tentación de recordar lo que había sentido cuando estuvo entre sus brazos, cuando la besó. . .
Se puso tensa a la vez que Peter se sentaba a su lado y encendía el motor. Mientras él daba marcha atrás con pericia, Lali miró por la ventana latera!.
Estaban a medio camino, por el sendero, cuando él habló, con voz tersa:
—Todavía no te he dado las gracias por todo el trabajo que has hecho para organizar el baile, Lali.
—No tienes nada que agradecer —replicó ella con tono tajante—. Además, no lo hago por ti.
Después de eso, él no hizo intento alguno de enfrascarse en una conversación y Lali se dijo que se alegraba por ello.
Al detenerse frente a la casa de los Espsoito, antes de bajar del auto, Lali realizó un último intento para convencerlo de que no fuera a recogerla para llevarla al baile, pero, para su consternación, Peter exclamó enfadado:
— ¡Por Dios, Lali! ¿Qué tratas de hacer? ¿Quieres que todo el mundo se entere de lo mucho que me detestas? Sabes muy bien que tus padres se preocuparán por ti.
— Oh, de acuerdo —la joven cerró la puerta de golpe cuando bajó del coche y se alejó, refunfuñando como un niña malcriada. Peter tenía razón, por supuesto; sus padres se preguntarían por qué insistía ella en tomar un taxi cuando Peter estaba dispuesto a llevarla en su auto.
FIRMEN TODO LO QUIEREN JAJA
Estoy muy nerviosa,no puedo respirar,menos mal que me distraigo subiendo nove sino…Acà va otro
FIRMEN Y SUBO MAS
Ese fin de semana el clima empeoró, el termómetro descendió y la campiña se vio envuelta por una capa de nieve y hielo. Una tarde, mientras esperaban la llegada de Peter a casa de los Esposito, recibieron una llamada telefónica para informarles que el joven médico se había retrasado debido a un importante accidente en la carretera, en las afueras de Setondale.
—El doctor Lanzani fue al hospital con las ambulancias
—informó la recepcionista a Lali— Es posible que tenga que quedarse allá para ayudar en la sala de operaciones, pero la llamaré en cuanto sepa algo.
La madre de Lali se estremeció al enterarse de la triste noticia.
Pobre gente; espero que nadie esté grave.
— Lo que no acabo de entender es por qué Peter decidió regresar aquí —reflexionó Lali—. Está tan bien preparado que podía trabajar en cualquier parte.
—Setondale es su pueblo, querida —dijo Sarah Esposito—. Tanto su padre como su abuelo ejercieron aquí.
— Pues no me imagino a Belen resignada a vivir en este pueblo —repuso la joven con cierta irritación, sin querer admitir lo mucho que envidiaba a la ahijada de -Lady Anthony. Aunque era demasiado sensata para engañarse pensando que si Belen no hubiera estado allí, Peter habría...
¿Qué? ¿Se habría enamorado de ella? ¡Qué tontería! Era posible que el médico se sintiera atraído sexualmente hacia ella. . . pero en lo emocional, no experimentaba algo por ella. . . en absoluto.
Cuando la recepcionista volvió a llamar, más tarde, para avisar que Peter no podría llegar esa tarde sino hasta el día siguiente, Lali se dijo que se alegraba, pues como había hecho una cita con la florista, no se encontraría con él en el poblado.
Dos días antes del baile, nevó. Lali sintió una oleada de pánico cuando vio el ominoso color del cielo y el grueso manto blanco que cubría el paisaje.
---No te preocupes — dijo su madre cuando ella le confió su temor de que la gente no asistiría a la fiesta debido al mal tiempo— Los habitantes de esta región son resistentes, no dejarán que una nevada les impida asistir a su diversión.
Aunque por lo regular era buena paciente, en los últimos días la Señora Esposito se había mostrado muy inquieta. El médico que la visitaba en vez de Peter, aseguró que eso era una buena señal que denotaba que se estaba recuperando bien, pero de cualquier manera, le recomendó descanso y nada de agitación.
—No es justo —se lamentaba ahora la convaleciente—. Me estoy perdiendo toda la diversión.
La "diversión" para Sarah Marsden, era la organización, pensó Lali al reprimir una sonrisa.
Lady Anthony había ofrecido, de manera muy generosa, la enorme cocina (le la casona para que los miembros del comité, en cargados de preparar la comida, hicieran allí el buffet y Lali se dio cuenta, con pena. que su madre ansiaba estar entre ellas, ayudando.
Los colores elegidos para la noche del baile eran rosado y plata contra un fondo blanco. Un generoso y por completo inesperado cargamento de cien globos de color plateado con forma de corazón, había llegado por correo, enviado por Mery a principios de la semana; la esposa de Benja los había visto en Knightsbridge. en un escaparate informó a Lali por teléfono y. de inmediato, compró toda la existencia.
Mery parecía tan llena de entusiasmo y confianza en sí, que Lali quiso saber cómo iban las cosas.
—De maravilla —respondió su amiga—. La noticia de que va a ser padre otra vez dejó azorado a Benja. Está feliz, por supuesto, e insiste en tratarme como si estuviera hecha de cristal.
—¿Y te quejas?
—No, en absoluto. Por cierto, cuando llegue el pequeño, quiero que seas la madrina.
La nieve dejó de caer antes de la hora del almuerzo, por suerte.
—Se supone que debo encontrarme con la florista en la mansión de Lady Anthony esta tarde —informó Lali a su madre mientras compartían la sopa—. No sé si deba cancelar la cita.
—Siempre que no tengas pensado conducir hasta allá, no veo problema. ¿Por qué no llamas por teléfono a la florista y, si ella puede sola, vas a la mansión en taxi?
Lali aceptó el consejo de su madre. La florista dijo que estaba dispuesta a cumplir la cita y, como había concertado antes, el padre de la joven se quedó esa tarde a cuidar de la convaleciente.
Como la nieve era reciente, el taxista no tuvo dificultad en llegar hasta la casona. Lali pagó la tarifa y se volvió hacia el sendero particular. Sintió una opresión en el pecho al ver el auto de Peter estacionado afuera.
Tuvo que esperar a que el taxista le diera el cambio y vio salir al médico. El viento le alborotaba el negro cabello. Miró a la joven sin sonreír, con expresión severa, casi melancólica. La muchacha ansió acercarse a él, tocarlo. "A quién engañas?", se dijo con amargura. Sólo saber que él la amaba con la misma intensidad con la que ella lo quería, podría satisfacer el ansia que le roía las entrañas.
—Estás muy pálida. ¿Te encuentras bien?
No lo había visto moverse y Lali se volvió de repente, sintiéndose indefensa y estremecida; temerosa de revelarle su vulnerabilidad dijo con voz que pretendía ser tersa y serena:
—Estoy bien.
—Pues no lo parece. Debe ser la tensión de amar a un hombre que pertenece a otra.
Estas palabras la sacudieron demasiado para ocultar su expresión afligida. Palideció y lo miró con ojos brillantes de angustia y dolor.
—Lali, yo. . . —la voz de Peter brotó desde el fondo de su garganta, tensa, enronquecida por la emoción—. ¿Vale la pena realmente? ¿Por qué no renuncias a él? Su esposa…
Ella sintió que sus músculos se relajaban con alivio al comprender a qué se refería Durante un espantoso momento, creyó que Peter había adivinado lo que sentía por él.
Una camioneta pequeña se acercaba por el sendero y, cuando Lali se apartó, Belen salió por la puerta principal de la casa señorial.
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