lunedì 13 agosto 2012

8 capitulo

Hola chicas,firmaron,muchas gracias :D HOY HACEMOS MARATON,ese es el primer capitulo,depende de ustedes cuantos capitulos subo...

Ahora salgo,si cuando vuelvo hay muchas firmas subo otro,sino...

+8 FIRMAS Y OTRO


 


 

-Me encanta ver a una mujer que disfruta comiendo.

Lali sintió una intensa calidez al recibir la mirada de aprobación que le dedicó Peter.

La había llamado a las siete para preguntarle si estaba despierta y si le parecía bien que se reunieran en el restaurante a las ocho.

-Claro que estoy despierta -había replicado ella, indignada y, sin pensarlo, añadió-: Estaba en la ducha.

Se produjo un pequeño silencio hasta que Peter lo rompió en un tono de voz más ronco que el anterior.

-Ojalá no me hubieras dicho eso, Lali.

No dijo nada más, pero ella supo de inmediato que se la estaba imaginando desnuda... ¡como ella había hecho con él mientras se duchaba! La mera idea de imaginar a Peter en la ducha con ella hacía que le cosquilleara toda la piel.

Tras ponerse una camiseta blanca, unos pantalones de color beige y unas zapatillas de deportes para caminar cómodamente, bajó al vestíbulo, donde la aguardaba Peter vestido también informalmente.

Él asintió con la cabeza en señal de aprobación.

-Me parece buena idea que te hayas vestido así, porque la casa que vamos a ver está en pleno campo, aunque tiene su propia piscina y desde ella se ve el mar.

Mientras terminaba su fruta y tomaba el delicioso croissant que había elegido en el bufé, Lali miró a Peter con expresión indecisa.

-Raoul me dijo ayer que tu compañía va a quedarse con la casa de Grasse además de con el negocio.

No podía dejar de pensar en cuánto habría disgustado aquello a su abuela. Ésta solía confesarle a menudo cuánto echaba de menos su hogar de la infancia. Pero entonces Lali era demasiado joven como para sugerirle que olvidara su orgullo y volviera a ponerse en contacto con su hermano para poder volver a Grasse.

-Deberías verla -le dijo vehementemente su abuela-. Forma tanto parte de tu herencia como tu olfato. Cuando tu abuelo me salvó de los alemanes y me trajo a Inglaterra yo no sabía que nunca volvería: a Grasse. Mi padre se habría sentido tan dolido y apesadumbrado si hubiera sabido lo que hizo mi hermano...

Lali trató de consolarla, pero nada pudo evitar que su abuela siguiera echando de menos con añoranza la casa de su infancia.

-Sí, es parte del trato -dijo Peter mientras rellenaba sus tazas de café.

-¿Qué vas a hacer con ella? ¿La conservarás o la venderás? -preguntó Lali.

-Aún no lo sé. Además, no puedo decidir unilateralmente lo que se hará con ella. ¿Por qué lo preguntas?

-Por nada especial -contestó ella. A pesar de la intimidad física que habían compartido, no se sentía lo suficientemente cercana a él como para hablarle de su abuela.

Su reticencia se debía más a su lealtad hacia su abuela que a su rechazo a confiar en Peter. Alguien que no la hubiera conocido habría podido cuestionarse su rotunda negativa a tener algo que ver con su hermano. Y, por motivos en los que no quería ponerse a pensar, cada vez era más importante para ella que Peter sintiera simpatía por la abuela que tanto había querido.

Después de todo, ¿cómo podía entregar su amor a un hombre que no comprendiera y aceptara las pequeñas debilidades de su abuela?

Peter seguía mirándola con una expresión que hizo comprender a Lali que sabía que estaba siendo evasiva.

-Es sólo que... esa casa tiene mucha historia familiar. Creo que sería una pena que se vendiera, o que se convirtiera en unas oficinas o unos apartamentos. Si planeas desprenderte de ella...

-¿Tú querrías comprarla? -si Lali quería la propiedad, no entendía por qué no había pedido que se incluyera en la cantidad que iba a recibir a cambio del negocio.

Ella negó con la cabeza.

-Me encantaría -admitió-, pero no podría permitirme comprarla. Seguro que aunque esté deteriorada será muy cara, y no tengo esa clase de dinero. Ni siquiera si vendiera mi casa en Inglaterra.

Peter frunció el ceño mientras la escuchaba. Raoul había indicado en algunos de sus

comentarios que Lali procedía de una familia con mucho dinero. De hecho, la había descrito como una «niña mimada y consentida». Pero aunque hubiera mentido, la suma que había accedido pagarle por el negocio y la propiedad era muy generosa.

Lali era dueña de un tercio del negocio y por tanto recibiría un tercio de la cantidad. Cuando incluyera en esa suma el extra que había ofrecido vía Raoul para que Lali se uniera a su empresa, estarían hablando de una cantidad muy considerable, suficiente y de sobra para comprar la propiedad de Gras se si quisiera.

Estuvo a punto de contradecir lo que había dicho, y no pudo evitar pensar que podía haber algo más tras el comentario aparentemente inocente de Lali.

¿Estaría lanzándole un cebo para que le ofreciera la propiedad? Por algún motivo, en ningún momento había pensado que Lali fuera una persona manipuladora y codiciosa como su primo. Pero conocía el mundo de los negocios lo suficiente como para respetar el hecho de que Lali estuviera en una posición en que, si decidía hacerlo, podía poner un precio muy alto a su pericia como perfumista.

Raoul había sido un tanto impreciso respecto a lo que creía que pediría Lali por trabajar para Francine con sus nuevos dueños, y se había informado en una empresa local de cazatalentos respecto a lo que podría cobrar una persona con su habilidad.

Después de obtener aquella información, y dado que Lali había renunciado a su empeño en utilizar productos naturales y había aceptado crear un nuevo perfume, había añadido una fuerte suma a la cantidad que pensaba pagarle como salario.

Si Lali iba tras la casa como un premio «extra» se iba a llevar una gran decepción.

Consciente del repentino distanciamiento de Peter, Lali preguntó:

-¿Sucede algo malo?

-Nada en absoluto -aseguró con suavidad-. Si estás lista, más vale que nos vayamos ya. La casa que vamos a ver queda a casi tres horas de aquí.

Aliviada al ver que volvía a sonreír, Lali asintió.

Mientras caminaba junto a ella en dirección al coche y aspiraba su aroma, se preguntó si habría sido buena idea decidir pasar todo el día juntos... sobre todo después de lo sucedido la noche anterior! Y no estaba pensando en el cálido beso que habían compartido, sino en las horas que había permanecido después acostado y deseándola como un adolescente, sin poder hacer otra cosa por calmar su erección que apretar los dientes.


 

+8 FIRMAS Y OTRO

7 capitulo parte 3

Me sorprendieron con las firmas,chicas! Jaja Acà està la ultima parte del capitulo...Ahora me voy a dormir,firman asì manana hacemos MARATON


 

+7 FIRMAS


 

Lali suspiró, satisfecha. Hacía casi una hora que habían ido al bar, donde habían consumido una bebida cómodamente sentados. Eran los únicos clientes que quedaban y el fuego de la chimenea ya se estaba apagando.

No sabía exactamente de qué habían hablado, porque el tiempo parecía haber volado, pero cada vez que había intentado olvidar su pacto para hablar sobre sus planes para el futuro y el perfume que pensaba crear, él la había interrumpido y había orientado la conversación por otros derroteros. Y durante todo el tiempo no había dejado de mirarla de un modo que...

-Parece que ya llevamos demasiado tiempo aquí -dijo con una sonrisa cuando el camarero se acercó a recoger sus vasos-. Será mejor que te acompañe a tu habitación -dijo a la vez que se levantaba.

El camino que llevaba al hotel a través de los jardines se curvaba inesperadamente y Lali tropezó con la raíz de un árbol que sobresalía un poco del suelo. De inmediato, Peter alargó una mano para sujetarla.

-Gracias -a pesar de la penumbra reinante, la luz de la luna permitió que Lali viera la expresión de Peter, y al captar la intensidad de su mirada sintió que su corazón latía más deprisa-. No había visto la raíz -dijo, tratando de sonar desenfadada.

-Me sorprende que el hotel no tenga mejor iluminada esta zona, pero también es de agradecer -replicó él con voz ronca.

-¿De agradecer? -repitió Lali. ¿Había dicho lo que creía? Su corazón se desbocó. Lo miró instintivamente y la hambrienta mirada que vio en sus ojos hizo que el mundo empezara a girar a su alrededor.

Muy despacio, Peter inclinó la cabeza hacia ella. Sadie esperó en silencio, sin apenas atreverse a respirar para no romper la íntima magia del momento.

Los labios de Peter tocaron los de ella, firmes, cálidos, seguros, haciéndola sentirse...

Haciéndola sentirse como una mujer, reconoció Lali, aturdida. Como una mujer muy deseable.

El apoyó una mano en la parte baja de su espalda y la atrajo hacia sí a la vez que deslizaba la otra tras su nuca.

Lali dejó escapar un tembloroso suspiro antes de entreabrir los labios ante el empuje de su lengua. Sintió el sólido tronco de un árbol contra su espalda a pesar de que no recordaba haber dado un paso atrás. La mano de Peter se deslizó de la parte baja de su espalda hacia la redondeada curva de su trasero para atraerla hacia sí.

Lali reconoció su erección con un arrebato de placer y reaccionó empujando contra él a la vez que lo rodeaba con sus brazos mientras su mente ya lo imaginaba acariciándole los pezones con la lengua...

Se estremeció violentamente ante sus propios pensamientos. ¿Qué le sucedía? No tenía por costumbre excitarse así con los hombres... ¿Qué había pasado con su moralidad, con su sentido común?

Peter estaba dejando un rastro de delicados besos en su cuello que la estaban volviendo loca. Y, juzgando por el modo en que la había tomado por las caderas y la estaba presionando contra su poderosa erección, él tampoco parecía precisamente inmune a ella, reconoció con un estremecimiento de placer femenino.

-Tal y como haces que me sienta podría tomarte aquí ahora mismo... -murmuró él junto a su oído y, de inmediato, las imágenes se volvieron aún más explícitas en la mente de Lali.

¿Dónde estaba la recatada Lali de siempre, que se habría escandalizado de inmediato al oír aquello? ¿Y por qué se estaba arrimando aún más a él en lugar de apartarse?

No lo sabía, y además le daba igual. De hecho, si decidiera llevar a la práctica lo que había dicho, no le habría puesto ninguna objeción...

Cuando él apoyó una mano en uno de sus pechos y comenzó a acariciarle el pezón por encima de la ropa con un pulgar, un gemido de placer escapó de su garganta y tuvo que morderse el labio para no pedirle que lo descubriera para exponerlo directamente a sus caricias.

Tensó los muslos frenéticamente al sentir el arrebato de deseo que experimentó.

Como si hubiera sentido lo que pensaba, León deslizó la mano entre sus piernas y comenzó a acariciarla rítmicamente con los dedos.

-Lali... -murmuró a la vez que tomaba una de sus manos y le hacía apoyarla contra su erección. Ella casi sollozó de placer al sentir su longitud y dureza. No sabía que pudiera existir un deseo como aquél, instantáneo, inmediato, hambriento, una necesidad que hacía olvidar todo lo demás y conducía a quien la experimentaba a saciarla como fuera.

Peter debía de pensar que carecía totalmente de experiencia si nunca había sentido algo así. No como él...

¿Cuántas veces lo habría experimentado? ¿Y con cuántas mujeres? Aquel pensamiento le produjo un arrebato de celos que hizo que el cuerpo se le pusiera rígido.

-¿Lali?

De pronto, ambos oyeron voces cercanas. De inmediato, él se agachó a tomar el chal que se había caído de los hombros de Lali. Luego, la tomó del brazo y la llevó de vuelta al sendero. Ella estaba temblando tanto que sentía, que se habría caído si él no la hubiera sujetado.

-No puedo creer que esté pasando esto -murmuró, incapaz de guardarse para sí sus sentimientos.

-¿No lo crees o no quieres creerlo? -preguntó él en tono retador. Al ver que ella no contestaba, añadió con más suavidad-: ¿Te ayudaría saber que lo que ha pasado me ha pillado tan desprevenido como a ti? No puedo simular que no he pasado toda la velada imaginando lo que sería tenerte en mi cama, pero...

-Yo... yo no pienso así -dijo Lali, que de pronto empezó a sentirse expuesta y vulnerable-. No tengo por costumbre hacer... este tipo de cosas. Puede que tú...

-¿Crees que me acuesto con una mujer distinta cada noche de la semana?-preguntó, desconcertándola-. ¿Es eso lo que ibas a decir?

Lali negó con la cabeza, avergonzada.

-No tengo ningún derecho a entrometerme en tu vida privada. Lo que sucede es que no quiero pensar que yo...

-Hace más de cinco años que no me acuesto con una mujer -dijo secamente-. No me parece bien que la gente vaya por ahí acostándose con el primero que aparece. Es vulgar y arriesgado. Lo que ha pasado ha sido...

-No tienes por qué darme explicaciones. Lo comprendo -dijo Lali rápidamente. Seguro que Peter iba a decirle que lo sucedido había sido un error, que las cosas se les habían ido de las manos.

-¿En serio? Ojalá pudiera decir yo lo mismo -replicó él en tono sombrío-. Ahora mismo... -se interrumpió y movió la cabeza mientras Lali contenía el aliento, sintiendo una mezcla de intensa curiosidad y temor ante lo que fuera a decirle.

Casi habían llegado a la puerta de su habitación.

-¿Tienes algún plan para mañana? -preguntó él de pronto.

Estaban casi tan cerca como hacía unos momentos, cuando se habían besado. Lali lo miró y sintió una vez más que su cuerpo estaba haciendo caso omiso de las advertencias de su mente.

-Bueno... en realidad no -contestó, y de inmediato se reprendió a sí misma. ¿Por qué no le había dicho que estaba ocupada, como habría hecho normalmente? ¿Qué le pasaba? Nunca en su vida había elegido el peligro por encima de la seguridad. No era su estilo.

Tal vez no lo había sido hasta que había conocido a Peter, se burló una vocecita en su interior.

-Quiero ir a ver una casa de campo que tengo intención de alquilar para este verano. ¿Por qué no me acompañas?

-¿Vas a pasar aquí todo el verano? -dijo Lali, que no pudo evitar una punzada de envidia al pensar en la posibilidad de pasar varias semanas disfrutando del sol y de una típica casa de campo provenzal.

-Sí. Tengo diversos intereses comerciales en el continente y la casa que planeo alquilar sería una base excelente desde la que trabajar.

-¿Una casa de campo? -preguntó Lali, escéptica.

-No pareces muy entusiasta al respecto. ¿No te gusta el campo?

Lali negó de inmediato con la cabeza.

-Me encanta.

-¿Entonces? ¿Por qué te parece raro que quiera alquilar una casa de campo?

-Es sólo que... No imaginaba que fueras una persona a la que le gustara el campo. Uno tiende a pensar que los hombres de negocios se sienten más a gusto en las grandes ciudades.

El se encogió de hombros.

-Es cierto que tengo un piso en Sidney y que resulta conveniente que así sea por mi trabajo, pero si pudiera elegir preferiría pasar el tiempo en la bodega que tienen mis padres en el campo. Papá ya está retirado, pero ya está hablando de sembrar más viñedos a pesar de que tiene mal el corazón y debería tomarse las cosas con mucha calma -se interrumpió y se disculpó-. Lo siento, pero supongo que no tengo por qué darte la lata contándote cosas de mi familia.

Lali estuvo a punto de admitir que no había nada que le apeteciera tanto como averiguar más cosas sobre él, pero no dijo nada.

-¿Y bien? -insistió él con suavidad.

Por un momento, Lali temió que le hubiera leído la mente y se ruborizó, pero enseguida comprendió que esperaba una respuesta a su invitación. Pero en lugar de rechazarla, como sabía que debería haber hecho, se oyó decir:

-Sí, gracias, me encantará ir contigo a ver la casa.

-Bien.

La mirada que le dedicó hizo que una peligrosa oleada de placer recorriera su cuerpo. Tuvo que contenerse para no rodearlo con los brazos por el cuello y besar sus tentadores labios.

La mirada que le dedicó hizo que una peligrosa oleada de placer recorriera su cuerpo. Tuvo que contenerse para no rodearlo con los brazos por el cuello y besar sus tentadores labios.

Apartó la mirada de su boca y trató de mirar un punto indeterminado por encima de su hombro. A pesar de todo siguió sintiéndose muy consciente de él y del anhelo que despertaba en ella. ¿De dónde había surgido aquella sensación casi dolorosa que la había dejado totalmente desmadejada y dependiente de la proximidad de aquel hombre?

Cuando en el pasado había contemplado la posibilidad de enamorarse jamás había imaginado nada parecido, y mucho menos con un hombre como León.

-Haz el favor de dejar de mirarme así -dijo él, casi con enfado-. De lo contrario voy a tener que besarte de nuevo, y te aseguro que esta vez no me conformaría sólo con eso.

Sadie se ruborizó intensamente.

-Yo... ¿a qué hora quieres que nos encontremos?

-Creo que todo resultaría más cómodo si desayunáramos juntos.

-¿Juntos? -Lali no pudo ocultar el repentino temor que reveló su tono:

-En el comedor, por supuesto -aclaró de inmediato-. A menos que...

-En... el comedor. Sí, por supuesto. A... ¿a qué hora?

Oyéndose vacilar de aquel modo, Lali se preguntó si sabría hasta qué punto le habría gustado tener el coraje necesario para estrecharlo entre sus brazos y besarlo de modo que le quedara bien claro dónde le habría gustado de verdad desayunar con él a la mañana siguiente.

Antes de que él pudiera adivinar lo que estaba pensando, abrió su bolso para sacar la llave.

Diez minutos después, a salvo en el interior de su habitación, con la puerta cerrada con llave, se dijo que era un auténtico alivio que no la hubiera presionado para acompañarla al interior, no una decepción.

A pesar de todo, iba a verlo a la mañana siguiente. Se aferró a su almohada con aquel pensamiento, perdida en las soñadoras fantasías con que su imaginación parecía empeñada en abrumarla.


 

+7 FIRMAS

7 capitulo parte 2

Hola chicas gracias por firmar,ese es la segunda parte del capitulo,falta la tercera,asique si firmen rapido voy a subirla…si no me voy a dormir y subo manana…

+6 FIRMAS Y MAS


 

Tras haber decidido que lo mejor que podía suceder era que su relación volviera a desenvolverse en un terreno meramente profesional, no entendía por qué había reaccionado como si Lali lo hubiera retado cuando había aprovechado la oportunidad para hacer precisamente aquello. ¿Y por qué estaba buscando formas de romper las barreras sociales que ella había alzado para que las cosas volvieran a un nivel más personal?

Nunca se había considerado a sí mismo la clase de hombre capaz de forzar verbalmente a una mujer a ser sexualmente consciente de él, pero en aquellos momentos...

Miró la boca de Lali. Era suave y carnosa, y si llevaba pintalabios era tan natural que prácticamente no se veía. Odiaba besar a mujeres que se embadurnaban la boca de grasa roja. Pero habría dado un ojo de la cara por besar a Lali.

Desesperada por controlar sus emociones, Lali esperó unos momentos antes de aclararse la garganta y preguntar educadamente:

-¿Qué lo ha hecho decidirse a comprar Francine?

-Ha sido un proceso natural. Después de todo somos una compañía que se dedica a los productos de lujo -en realidad, no quería hablar de asuntos profesionales con Lali. De hecho, no quería hablar con ella en absoluto. La clase de comunicación que quería establecer con ella implicaba utilizar los labios, desde luego, pero no precisamente para hablar.

Aunque había contestado con bastante naturalidad, Lali había tenido la sensación de que estaba sopesando sus palabras, como si quisiera cuidarse de lo que pudiera decir. Pero también era consciente de que, aunque lo había escuchado, ella misma se había estado fijando más en su boca que en lo que decía.

-Habíamos decidido no hablar de trabajo -le recordó Peter, al que la inesperada pregunta de Lali respecto a las causas que lo habían impulsado a adquirir Francine había pillado desprevenido.

Una cosa era desearla, y otra hablar con ella sobre su abuela. Sabía que era su propio orgullo lo que le hacía sentirse tan protector respecto a su abuela y tan poco dispuesto a hablar sobre los verdaderos motivos por los que deseaba comprar Francine y el perfume Myrrh.

Lo cierto era que nunca había olvidado cómo se sintió cuando, siendo un adolescente, su abuela le contó que cuando trabajaba de criada siempre anheló poder ponerse el exótico y carísimo perfume que utilizaba la dueña de la casa.

-Se llamaba Myrrh -le dijo su abuela con un suspiro-, y era el perfume más delicioso que había olido nunca.

-¿Y no pudiste comprar un frasco? -preguntó él ingenuamente.

Su abuela sonrió con tristeza.

-Ese perfume valía más de lo que yo ganaba en un año. ¡Esos perfumes no se han creado para mujeres como yo!

Peter se juró en aquel momento que algún día su abuela tendría el perfume más caro que existiera, y que él se lo compraría. Y aunque su abuela murió antes de que pudiera cumplir la promesa, nunca había olvidado que la había hecho y nunca había dejado de lamentar no haber podido cumplirla. Y tampoco había olvidado nunca por qué la había hecho, y aquél había sido el motivo por el que se había molestado con Lali cuando había dicho que se negaba a crear un perfume lo suficientemente barato como para que lo usaran todas las mujeres.

Pero, afortunadamente, había recapacitado y, por fin, el perfume Myrrh iba a ser suyo. Su abuela ya no iba a poder disfrutarlo, pero él tendría la satisfacción de saber que el nieto de la mujer que nunca pudo comprarse un frasco de Myrrh había llegado a ser dueño de la compañía que lo elaboraba. Y aunque fuera lo último que hiciera, tenía intención de asegurarse de que toda mujer que quisiera pudiera permitirse comprar un perfume de la casa Francine.

Y por ello no había revelado a su junta directiva los motivos de su empeño en adquirir Francine. No pensaba volverse vulnerable admitiendo que sus motivos eran sentimentales. Jamás daría a los demás miembros de la junta la oportunidad de crucificarlo. El mundo en que operaba se movía por los beneficios económicos, no por los emocionales, y sólo respetaba a los hombres que obtenían los primeros.

Peter había crecido en un mundo duro. Vio cómo luchaban sus padres por sacar adelante su negocio y también fue testigo de cómo estuvieron a punto de perderlo justo cuando empezaba a resultar rentable. Aquello minó la salud de su padre, que nunca llegó a recuperarse del todo, y también impulsó a Peter a hacer todo lo posible para proteger a su familia, para conseguir que el negocio fuera lo suficientemente estable como para no volver a ver sufrir a sus padres.

Había conseguido convertir el negocio de su padre en un auténtico imperio económico y tenía prácticamente todas las puertas abiertas gracias a su dinero, pero en el fondo seguía sintiendo la angustia y la rabia que experimentó a los catorce años cuando fue testigo de la angustiosa situación por la que pasaron sus padres, al igual que aún recordaba las narraciones de su abuela sobre las humillaciones que había tenido que soportar a causa de su pobreza.

Cuando dejó su vaso en la mesa con un golpe seco, Lali lo miró, confundida, y se preguntó qué habría causado la mirada que había en aquellos momentos en sus ojos, pero él la distrajo preguntándole si había utilizado ya alguna de las lujosas instalaciones del hotel.

-No -admitió ella- ¿Y usted?

-Tampoco. En realidad apenas he tenido tiempo de hacerlo.


 

+6 FIRMAS Y MAS

domenica 12 agosto 2012

7 capitulo parte 1

Chicas estoy algo enojada porque por haber 5 firmas tuve que esperar 5 dias...5 dias por 5 firmas?Yo queria subir todos los dias pero me parece que no se puede.

Acà està el capitulo,ese es un CAPITULON y tiene 3 partes asique FIRMAN y subo todas...


 

+6 FIRMAS Y MAS


 

-¿Cuántos años tenía cuando se hizo consciente de que tenía un «olfato» especial?

Acababan de servirles el primer plato y Lali miró a con un poco de cautela. Pero la dureza que había ensombrecido su expresión hacía unos minutos había desaparecido y volvía a sonreír cálidamente.

-No sé -admitió-. Más o menos crecí sabiendo que quería elaborar perfumes. Mi abuela me alentó, por supuesto. Cada vez que lo pienso suelo llegar a la conclusión de que no nació en la época adecuada. Le habría encantado hacerse cargo del negocio, pero teniendo un hermano no habría sido posible.

-He sabido que hubo algún tipo de desavenencia entre ellos -dijo Peter.

-El hermano de mi abuela era jugador y hundió el negocio para financiar su vicio. Mi abuela odió lo que hizo, y creo que acabó odiándolo a él -admitió Lali-. El hecho de que mi abuela se casara con un inglés y viviera tan lejos de él hizo que las cosas empeoraran. A pesar de todo, sentía auténtica pasión por el negocio.

-Una pasión que usted ha heredado, obviamente.

Lali sonrió.

-Mi abuela era una persona muy apasionada.

-Al igual que usted, imagino. ¡Muy apasionada!

Sus miradas se encontraron y Lali notó que su corazón comenzaba a latir frenéticamente. El silencio que se produjo, la intimidad de sus miradas unidas, era la sensación más excitante que había experimentado en su vida.

Olvidó por completo su comida. Su alimento era Peter, su único sustento físico y emocional. Si la hubiera tomado de la mano en aquellos momentos y se la hubiera llevado de allí, sabía que lo habría seguido a cualquier lugar.

-Eso no puede saberlo. Yo... -la voz de Lali surgió como un apagado susurro mientras sus pupilas se dilataban.

-Lo sé -interrumpió él en un tono tenso y áspero que reveló abiertamente su deseo y que hizo que Lali se estremeciera-. Sé exactamente lo que sentiría entre mis brazos, lo apasionadamente que reaccionaría conmigo en la cama.

¿Qué diablos estaba haciendo?, se preguntó Peter al oír lo que estaba diciendo como si estuviera fuera de su propio cuerpo, escuchando. Desde que cumplió los veintiún años y se hizo cargo del negocio de la familia se había dedicado por completo a éste. Nada ni, nadie había amenazado jamás con interponerse entre él y su trabajo... ¡hasta aquellos momentos !

Por primera vez en su vida se sentía empujado en otra dirección emocional. ¿Acaso había enloquecido?

No había duda de que Lali era una mujer deliciosa, pero ello no significaba que...

El modo en que lo estaba mirando hizo que su cuerpo se tensara, y una oleada de deseo tan intenso como la coz de una mula recorrió su vientre.

Aquélla no era una de las metas de su vida. No en aquellos momentos y, desde luego, no con aquella mujer en particular.

De manera que, ¿por qué no estaba haciendo algo al respecto? ¿Por qué no reprimía su deseo? ¿Porqué no quería o porque no podía?

¿O sería porque ya estaba tan colado por aquella mujer que ni siquiera podía pensar en intentar salvarse?

Su cuerpo reaccionó al instante al ver que Lali se estremecía. ¡Ninguna mujer lo había afectado de aquel modo en público desde que había superado la adolescencia! Era una suerte que estuvieran sentados y la mesa ocultara la evidencia de su excitación.

Se movió incómodo en el asiento y maldijo para sí.

Lali contuvo el aliento al ver la mirada cargada de sexualidad que le estaba dirigiendo.

Apenas podía pensar normalmente, y mucho menos comer. Frenética, trató de pensar en algo banal que decir para contrarrestar el aura de sensualidad que los envolvía, pero su mente se negó a cooperar. Si, no lograba romper la intensidad de la mirada que estaban compartiendo no sabía qué podría pasar. ¡O más bien sabía con exactitud lo que su cuerpo esperaba que sucediera!

Y saber aquello estaba haciendo que se sintiera más excitada y aprensiva que en toda su vida.

Alguien en una mesa contigua empujó una silla y el ruido hizo que apartara la mirada. Aturdida, Lali respiró profundamente y tomó su tenedor.


 

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martedì 7 agosto 2012

6 capitulo

Hola chicas…acà està el capitulo!Recomiendan la nove y firman que se vienen unos capitulos...mmm....jaja Otra cosa,alguien tiene BBM? Si sì,digamen sus PIN

Besos


 

+5 FIRMAS Y MAS


 

Era obvio que él también la había visto, pues se encaminó de inmediato hacia ella. Lali sintió que su rostro se acaloraba con una mezcla de conmoción, excitación y placer.

-¡Peter! -exclamó-. ¿Qué hace aquí?

-Me alojo aquí -contestó él.

Lali tuvo que disimular la decepción que le produjo su respuesta. Al parecer no había ido allí a buscarla, como había pensado al verlo.

-¿Y usted? -preguntó Peter-. ¿Va a cenar aquí?

Parecía tan frío y distante que el corazón de Lali latió incómodamente en su pecho mientras luchaba contra su decepción.

La realidad de Peter en persona era muy distinta a las fantasías que había estado elaborando en su cabeza involuntariamente durante toda la tarde. Parecía tan austero, tan ajeno y distante... Además, estaba mirando más allá de ella, como si estuviera buscando a alguien. ¿A otra mujer tal vez? ¿Tendría una cita para cenar?

-Lo cierto es que no -contestó a la vez que alzaba la barbilla valientemente-. No voy a cenar aquí hoy. Yo también me alojo en el hotel, pero he olvidado hacer mi reserva para la cena. El maître ha sugerido que vaya andando a Mougins...

-¿Sola? Ni hablar -dijo Peter en tono autoritario-. Me sorprende que el maître haya sugerido tal cosa a una mujer sola. Porque está sola, ¿no?

Lali notó que había dejado de mirar tras ella. De hecho, la estaba mirando directamente a los ojos como si... como si...

-Sí. Sí, estoy... -se interrumpió cuando uno de los componentes de un numeroso grupo que acababa de entrar en el restaurante tropezó involuntariamente con ella, haciéndola tambalearse.

Peter la rodeó de inmediato con un brazo y la atrajo hacia sí, tanto que Lali sólo habría tenido que respirar profundamente para que sus cuerpos se tocaran.

-Esto se está poniendo hasta arriba –dijo él-. Ya que tengo una mesa reservada, ¿por qué no cena conmigo?

-¡Oh, no! -protestó Lali de inmediato-. No se lo he dicho por...

-Pero yo sí -interrumpió Peter con suavidad.

La frialdad que Lali había percibido en su mirada hacía unos momentos había desaparecido y se había transformado en... No lograba encontrar las palabras para describir el calor y la sensualidad que ardían en la mirada que le había dedicado Peter. Sólo lograba pensar en el efecto que estaba ejerciendo sobre ella...

-¿Cree que es buena idea? -no pudo evitar preguntar.

-¿Por qué no iba a serlo?

A Lali se le ocurrían mil razones, y todas ellas tenían que ver con lo peligrosa que le parecía su forma de reaccionar con aquel hombre.

-Dada la situación profesional que hay entre nosotros... -empezó sin convicción, pues no estaba dispuesta a admitir el verdadero motivo por el que no le parecía buena idea que cenaran juntos.

-¿Por qué no olvidamos eso y empezamos de cero? -dijo Peter-. Podemos declarar una tregua. He hablado con Raoul...

A pesar de saber que era una tontería, Lali no pudo reprimir una leve punzada de decepción al darse cuenta de que Peter le estaba hablando como a un colega, no como a una mujer a la que quisiera llegar a conocer personalmente.

-Ah, ¿sí?

-Sí -confirmó él-. Y no sabe cuánto me he alegrado al enterarme de su decisión.

-Me ha parecido que era lo mejor que podía hacer -Lali hizo una pausa con intención de decirle cuánto le había agradado saber que había aceptado que utilizara ingredientes naturales para los perfumes, pero Peter negó con la cabeza cuando fue a hacerlo.

-Parte de la tregua consiste en no hablar de negocios esta noche. -Eso no lo había dicho antes.

-Ah, ¿no? -cuando Peter sonrió, Lali temió que el corazón se le detuviera a causa de lo sexy que le pareció su sonrisa-. Pues lo digo ahora.

-Pero si no hablamos de negocios, ¿de qué...? -Lali se interrumpió y se ruborizó al ver cómo la estaba mirando Peter.

-Seguro que encontramos temas de sobra sobre los que hablar -dijo él con suavidad.

Lali no contestó. Era demasiado consciente del hecho de estar peligrosamente cerca de desear mucho más de él que una simple relación profesional.

Peter hizo una seña al maître, le dijo algo, y éste los condujo hasta una mesa.

Mientras avanzaban, Lali no pudo evitar notar el interés que despertaba León en las mujeres junto a las que pasaban.

Como era de esperar, le habían dado una de las mejores mesas del restaurante.

Apenas había abierto su menú cuando se acercó un camarero con una botella de champán y dos copas. Miró a Peter, desconcertada.

-Espero que no le importe -dijo él-. Me ha parecido apropiado. Para celebrarlo.

Lali no lograba apartar la mirada de él. ¿Cómo podía haber pensado alguna vez que sus ojos eran fríos?

-Pero Raoul me ha dicho que aún pueden pasar unos días antes de que podamos firmar los contratos, y ya que él no está aquí...

Peter sonrió.

-No era eso lo que quería celebrar -dijo, en un tono de voz que sonó a oídos de Lali tan seductor como chocolate negro derretido.

-¿No? -fue todo lo que logró decir antes de tomar su copa.

-No -contestó Peter, y le dedicó una mirada tan sensual y excitante que Lali temió que su cuerpo comenzara a temblar de placer-. ¿No va a preguntarme qué estamos celebrando?

-Yo... er-Lali dio un largo trago a su copa y estuvo a punto de atragantarse. Tosió mientras la dejaba-. Lo siento -añadió, totalmente ruborizada.

-¿Qué sucede? ¿No le gusta el champán? -bromeó él.

-Sí me gusta, pero lo cierto es que no soy una gran bebedora. Supongo que se debe a que me educó mi abuela. Era un poco anticuada para los tiempos que corren.

-¿Por qué la crió su abuela?

Lali notó que la estaba mirando como si estuviera sinceramente interesado en averiguar más cosas sobre ella.

-Mi madre murió poco después de mi nacimiento y mi padre... tenía mucho trabajo. De manera que mi abuela se ocupó de mí y entonces papá volvió a casarse. Pero a Melanie, mi madrastra, no la atraía mucho la idea de tener que ocuparse de una niña a la que le faltaba muy poco para ser una adolescente. En cualquier caso, a mí me alegró poder seguir con mi abuela.

-Comprendo.

Lali notó que Peter la estaba mirando de una forma muy directa, y también muy tierna. Aquello la hizo sentirse casi como si pudiera contarle cuánto sufrió al comprender que su madrastra no quería saber nada de ella y que su padre no la quería lo suficiente como para insistir en que viviera con ellos.

-Yo también mantuve una relación muy cercana con mi abuela -dijo Peter.

Por un momento se miraron en silencio. Lali comprendió que estaban descubriendo que tenían más cosas en común de lo que creían.

-Su abuela era griega, ¿no? -preguntó.

-Sí. Tanto mi padre como mi madre trabajaban muy duro en el negocio que estaban poniendo en marcha y mi abuela se ocupó de mí. Murió cuando yo tenía catorce años. Fue una época muy mala para la familia.

-¿Aún la echa de menos?

-Sí. Mi abuela no tuvo una vida precisamente fácil... -la boca de Peter se contrajo en un gesto de amargura-. Sus padres emigraron a Australia para escapar de la pobreza. Su madre murió antes de que llegaran a Sidney y su padre se quedó tan destrozado que comenzó a beber. Mi abuela tuvo que criar prácticamente sola a sus hermanas y hermanos, y también a su padre, cuando apenas era más que una niña. Tenía doce años cuando llegó a Australia y veinticuatro cuando se casó con mi abuelo. Trabajaba de doncella cuando lo conoció, y en aquella época el servicio no tenía permiso para casarse. No quiso dejar su trabajo porque aún tenía que cuidar de su padre.

-Debió de ser una persona maravillosa -dijo Lali con delicadeza.

-Lo era.

Lali captó una expresión en la mirada de Peter que no supo analizar. Contenía enfado y amargura y, por algún motivo, parecían dirigidos hacia ella.

-Lleva su perfume -él cambió bruscamente de tema.

Lali asintió y trató de que no se notara que le agradaba que se hubiera fijado.

-¿Es muy distinto al Myrrh original?

-Un poco -contestó Lali, decepcionada al comprender que el interés de León era más profesional que personal-. El perfume original, como muchos de su tiempo, era mucho más fuerte de lo que suele gustarles a las mujeres hoy en día, y también era muy caro.

-Caro y exclusivo -asintió secamente-.

Un lujo del que nunca podrían disfrutar las mujeres normales.

Lali vio con desconcierto que la expresión de Peter se volvía de nuevo cerrada y adusta cuando preguntó:

-¿Ha decidido ya lo que le apetece comer?

Lo miró y sintió la tentación de preguntar qué había dicho para que reaccionara así, pero se limitó a asentir y a informarlo de que estaba lista para pedir.


 


 

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